Posted by Administrador on Jul 29, 2009 in
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Si recuerdan Borat (2006), porque no creo que puedan rememorar otros títulos donde su presencia era más o menos directa, Bruno, ahora con el mismo director Larry Charles, no es más que otra pura y dura provocación de este actor polifacético y descarado llamado Sacha Baron Cohen, un cómico salido de la televisión británica, judío ortodoxo de buena familia, licenciado en Cambridge con brillante tesis doctoral, devoto padre de familia, pero capaz de reírse de su sombra y por supuesto de las de los demás, irreverente, provocador, insultante, desvergonzado, irritante y desmadrado con tal de dar juego a sus múltiples caras.
En ésta ocasión Sacha Baron Cohen, a la vez protagonista, coguionista y productor de la película, encarna a un popular periodista y presentador austriaco, dedicado a poner en solfa los prejuicios homófobos de buena parte de la población mundial, a través de un programa nocturno de la televisión, gay, obsesionado con la moda y dispuesto a convertirse en “la mayor celebridad austriaca después de Hitler”. Su peculiar descaro le permite montar en un plató de televisión una especie de talk show, proponiendo la adopción de un niño negro. En la Semana de la Moda de Milán boicotea un desfile de modelos de Ágata Ruiz de la Prada. Vestido con un traje de velcro y perseguido por unos exasperados policías es finalmente detenido.
Con la fórmula ya empleada en la anterior ocasión citada, el llamado mockumentary, es decir el supuesto documental, Sacha Baron Cohen nos depara todo un recital de bromas pesadas a costa de tomarle el pelo o sacarle la lengua a una sociedad tan desnortada, descentrada, contradictoria e irrisoria como la que hoy camina por este mundo. Y ello con su particular pasión por el travestismo, el disfraz y la burla despiadada contra unos y otros. Su técnica de rodaje es ya conocida: localizaciones diversas y cámaras ocultas, lo que le permite combinar ficción y realidad. Todo le sirve para presentarnos otro desopilado personaje capaz de las mayores transgresiones para hacer reír a un público a veces fácil y en ocasiones inteligente. Si bien hay pasajes que no son capaces de lograr la gracia y diversión pretendidas.
Si se tiene en cuenta el título original, que naturalmente no ha recogido ninguna cartelera, Bruno: deliciosos viajes por América con el propósito de hacer sentir visiblemente incómodos a hombres heterosexuales en presencia de un extranjero gay en camiseta de tirantes, se comprenderá fácilmente cuales son los propósitos transgresores de Sacha Baron Cohen. En este caso para sacar de sus casillas a homófonos de distinto carácter y opinión, cuando, por ejemplo, es capaz de estamparle un beso en la boca a su contrincante en pleno combate de lucha libre, lo que desata un tremendo escándalo en el graderío. Los resultados de esta nueva puesta en escena tan singular evidencian pronto para el público avisado de la falsedad de muchas situaciones, ya que prácticamente todo ha sido pactado de antemano lo que rebaja considerablemente los efectos en el espectador y su capacidad de provocación y de sorpresa. En fin, nada es nuevo. Mucho de lo que recordamos de Borat, de tanto éxito y motivo sin duda de la reiteración, en Bruno propende fácilmente a la redundancia. No obstante, y no quisiera equivocarme, en esa personalidad histriónica, grotesca y extravagante, hay un actor ocurrente e imaginativo, que ridiculiza normas y costumbres y sobre todo cuanto afecta a temas tan vigentes y polémicos como las leyes de adopción y libertad sexual, así como otros asuntos no menos conflictivos, que tal como los trata Sacha Baron Cohen, por encima de la labor del realizador, Larry Charles, ya que Sacha es la mano que mueve la cuna, a veces resultan demasiado ominosos en su tratamiento y en ocasiones superfluos.
Fuente/huelvainformacion.es/
Posted by Administrador on Jul 23, 2009 in
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Tras el éxito de Borat, su creador, Sacha Baron Cohen, vuelve a generar risas y controversia como Brüno, un excéntrico periodista de moda que se presenta como el austríaco más famoso después de Hitler.
Vestido con un traje de velcro, Brüno entró como cualquier reportero a la semana de la moda de Milán. Pero tras bastidores, rodeado de modelos que se preparaban para salir al desfile de la diseñadora española Ágatha Ruiz de la Prada, ocurrió lo peor: su chaqueta se pegó a una cortina, accesorios y ropa, y armó el desorden. Envuelto en esas prendas tomó el camino equivocado y ante la atónita mirada de los asistentes, apareció en la pasarela. En medio de la confusión los guardias sacaron al afeminado periodista y lo llevaron a una estación de Policía. “¿Tengo derecho a una llamada?”, preguntó con un curioso acento alemán y voz chillona. No llevaba identificación y había usado entradas falsas para ingresar con su equipo de producción. Fue entonces cuando reveló su secreto: era Sacha Baron Cohen, el cómico inglés, transformado en uno de sus personajes para su nueva película, Brüno: deliciosa travesía a través de Norteamérica con el propósito de hacer un hombre heterosexual.
Difícilmente alguien podía haberlo sospechado. Hasta hace poco esta creación no era tan conocida como su anterior alter ego Borat, el periodista de Kazajstán, homofóbico, antisemita, racista y machista cuya película lo lanzó a la fama y recaudó más de 260 millones de dólares.
Precisamente por ese reconocimiento muchos pensaban que para Baron Cohen iba a ser imposible repetir la fórmula: engañar a sus entrevistados disfrazado de reportero real mientras los involucra en situaciones absurdas. Pero lo logró al punto de que pudo interrumpir el desfile de Stella McCartney, en un fashion show en París, cuando mezclado entre los asistentes dejó ver bajo su pantalón una tanga roja, al tiempo que chupaba un tampón, aplaudía al ritmo de la música y empujaba a los que estaban enfrente de él para poder ver a las modelos.
Tampoco podía adivinar que todo era una parodia el ministro evangélico al que Brüno visitó en busca de ayuda porque tenía fama de convertir gays en heterosexuales. Ni los líderes de la conservadora comunidad hasídica israelí que entrevistó, y mucho menos el extremista palestino con el que se reunió en Cisjordania, al que le dijo que Osama lucía como un “hechicero sucio”. Y es que en esta película el reportero cree poder ser un buen negociador de paz en Oriente medio: “Ese conflicto no es tan malo. Es peor el de Angelina Jolie y Jennifer Aniston”. “Involucrar el mundo de la moda es la única forma de detener la guerra. ¿Acaso alguien ha visto alguna vez a un suicida que se haya inmolado usando ropa de diseñador?” , dijo a la revista de moda gay Out, donde apareció en la portada.
Como en Borat, la idea con Brüno es dejar en evidencia los prejuicios de la gente con una terapia de choque basada en el humor. Pero no todos entienden sus exabruptos y mientras en Ucrania la nueva cinta fue prohibida por su explícito contenido sexual, Baron Cohen ya ha sido demandado varias veces. Lógicamente, su representación no ha caído bien en el país de origen del personaje. Después de todo, Brüno se jacta de ser “el austríaco más importante desde Hitler”.En esta oportunidad sus blancos son la homofobia, el consumismo y el estilo de vida de las celebridades. Por eso adopta un niño africano al que llama O. J.: “La gente piensa que lo hice para copiarme de Madonna y Angelina, pero no fue así. Ellas adoptan por publicidad, en mi caso fue algo natural. Durante un viaje a África necesitaba monedas para una máquina porque quería una Coca Cola de dieta. Una mujer me las dio y me encimó a su bebé a cambio de mi iPod”, cuenta ante el atónito público de mayoría afroamericana de un famoso talk show gringo. Demuestra que muchas mamás harían cualquier cosa por ver a sus hijos en televisión cuando ellas aceptaron en sus audiciones ficticias que los niños adelgazaran 10 libras y vistieran uniformes nazis. También se hizo pasar por luchador profesional y los espectadores le tiraron desde botellas hasta sillas cuando en vez de pelear, protagonizó una escena romántica con su adversario.
Otra de sus víctimas fue el congresista republicano y ex candidato presidencial estadounidense Ron Paul, quien recibió la llamada de una de las productoras de televisión falsas. Paul fue citado en un hotel con el pretexto de una entrevista sobre economía; pero lo que buscaba Brüno es que el septuagenario apareciera con él en un video sexual para convertirse en una celebridad. Cuando empezó a quitarse la ropa para seducirlo, Paul insultó al reportero y salió de la habitación. También cayó Paula Abdul, jurado del reality show American Idol, a quien invitó a una entrevista en un salón donde en vez de muebles, y con la pretensión de hacer una crítica a la actitud de los norteamericanos frente a los inmigrantes, usó trabajadores hispanos desnudos como mesa y sillas.
Tanto atrevimiento ha tenido sus consecuencias. Miembros de la comunidad homosexual opinan que lo que hace el comediante es afianzar los estereotipos negativos. Además habría puesto su vida en peligro, pues desató la ira de un cazador que le apuntó a él y al equipo de producción con un arma cuando Brüno entró a su carpa desnudo con la disculpa de que un oso se había comido todas sus cosas “excepto los condones”. En California una mujer lo demandó por 25.000 dólares porque supuestamente la hizo caer en una de las grabaciones y la dejó confinada a una silla de ruedas.
Esta situación ya le es familiar a Baron Cohen. Con Borat estuvo a punto de ir a la cárcel acusado de tratar de llevarse los muebles de un hotel con la excusa de que debían estar incluidos en la exorbitante factura. Pero sus ayudantes suelen anticipar estas situaciones y le avisan para que huya. También generó un problema diplomático con el gobierno kazajo por presentar a sus habitantes “como salvajes”. En ese entonces su respuesta fue más irreverente: dijo que apoyaba “cualquier medida que tomara su país de demandar a ese maldito judío de Sacha Baron Cohen, con quien no tengo conexión alguna”. Y es que son muy pocas las entrevistas que ha dado en nombre propio, como una manera de proteger su privacidad y la de su familia, su prometida la actriz Isla Fisher y la hija de ambos. Dura meses convertido día y noche en su personaje y no se quita ese disfraz ni en los estrenos de las películas, ni en las ceremonias de Hollywood.
Pero cuando termina el proceso emerge Baron Cohen, un judío practicante de 38 años, que, a diferencia de sus personajes, es tímido e intelectual. Un hombre que cuando se graduó en historia en la Universidad de Cambridge se puso un plazo de cinco años para ganarse la vida como comediante y por poco fracasa, pues hasta trabajó como modelo.
Para muchos su éxito es a la vez su principal problema. Tanto Ali G, su primer personaje (un rapero que hacía preguntas estúpidas a personas famosas), como Borat tuvieron que ser enterrados por ser demasiado conocidos. “Lo mismo le pasará a Brüno”, afirmó a SEMANA Dominick Miserandino, quien maneja la revista virtual de entretenimiento The Celebrity Cafe. Pero, como muchos, él apuesta a que “por su talento sin duda creará un nuevo personaje igual de impactante. Y así volverá a tomarse a Estados Unidos y al mundo por sorpresa”.
Fuente/semana.com
Posted by Administrador on Jul 14, 2009 in
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Madrid se ha convertido en la capital gay del mundo. Tiene su lógica. Madrid es una ciudad en la que no ha terminado de cuajar la reivindicación de las fiestas costumbristas. Sin embargo, lo gay, que supera lo puramente homosexual, ese concepto “gay” que añade a su actual sentido sexual, reivindicativo y cultural el significado de “alegre” que se le daba en los años treinta, ha calado hondo en gran parte de la ciudadanía y ha superado las previsiones que imaginaban los promotores de esta marcha veraniega. Madrid es gay, es alegre, sí, vivísima, es una ciudad manga por hombro, a ratos áspera y agresiva, y a ratos más acogedora que ninguna. Y es ese carácter espontáneo, nocturno y cimarrón de nuestro gran poblacho lo que ha propiciado que una fiesta que fue concebida para un determinado grupo social se haya extendido a otros sectores desprejuiciados y con grandes ganas de divertirse. Tal vez esto parezca demasiado banal al grupo más radical del mundo homosexual pero en la propia naturaleza de lo gay la superficialidad y la conciencia se dan la mano, la carroza y el manifiesto, el baile y la pancarta. Con los años, el Día del Orgullo se ha convertido en una especie de celebración de la llegada del verano.
Y en toda esta algarabía de carácter ya internacional, Chueca es el epicentro. Tiene ya un carácter simbólico, de la misma forma que en Nueva York lo son las calles del Greenwich Village que rodean al pub Stonewall Inn, donde se produjeron los primeros disturbios reivindicativos gays tras la irrupción de la policía en aquel bar en el se acogía a los clientes más marginales de esa comunidad. Hoy, la marcha del Orgullo neoyorquina no se puede disociar de ese lugar histórico. De la misma forma, las fiestas madrileñas no se entienden fuera de Chueca, barrio al que van a ejercer su libertad a lo largo del año chavales de toda España, de lugares más pequeños y más opresivos donde aún no pueden expresar su condición abiertamente. Pero Chueca no es un gueto para homosexuales. Es más, muchos gays detestan los lugares excesivamente tendentes al estereotipo. En Chueca se mezclan gays y heteros, jóvenes con ganas de marcha y ancianos con ganas de dormir, bebés que precisan tranquilidad y un gentío que no ve el momento de irse a la cama, gente que sabe divertirse discretamente y gente que usa la ciudad como un vertedero. De todo eso hay. Siendo pues el centro de Madrid uno de los lugares más vivos de Europa hay que ser sensibles a la hora de ver la manera de introducir dos millones de personas con ganas de juerga en esa ratonera urbana que es el cogollo de Chueca.
Hay diferencias entre las celebraciones neoyorquinas y madrileñas. No en la naturaleza de la marcha, que comparte esa estética desmesurada y esa intención de afirmación, sino en la duración y en el trazado de la propia ciudad. En Nueva York, las celebraciones tienen una duración muy delimitada, como todo, forma parte de la naturaleza expeditiva americana; por otra parte, el río de gente que participa en esta marcha (más cutre que la madrileña) discurre por la Sexta Avenida con menor número de gente y de manera más espaciosa.
Con las ciudades hay que ser tan sensibles como con los grupos que las conforman. El colectivo organizador del Orgullo madrileño debe pensar que su fiesta ha adquirido tal magnitud que requiere estudiar muy atentamente tanto el éxito de la convocatoria como la duración y la molestia que supone para aquellos que prefieren quedarse al margen. Por otro lado (contradicciones del equipo de Gallardón), la elección de Ana Botella, especialista en distinguir las peras de las manzanas, para lidiar con este asunto no es la más acertada. Para que la fiesta continúe tiene que haber buena sintonía entre Ayuntamiento, vecinos y organizadores.
Ah, una ligera advertencia: leí que los convocantes afirmaban que el Ayuntamiento nunca había apoyado abiertamente estas fiestas por su naturaleza de apertura sexual. ¡Mejor! No hay nada más artificial que las fiestas subvencionadas en las que los políticos quieren hacerse su fotito de rigor. Dejemos a las fiestas callejeras su carácter espontáneo y popular. Al menos en Madrid, ciudad gay, es lo que mejor ha funcionado.
Fuente/elpais.com